
Última setmana de l’exposició Preses de Franco a Barcelona. Sergio Gálvez i Fernando Hernández.
El dijous dia 5 Maria Salvo, Trinidad Gallego i Josefina Piquet faran la cloenda oficial, encara que es podrà veure fins el dia 7 de febrer.
Aquesta exposició ens parla del univers penitenciari femení des d’abans de
També es pot veure un documental realitzat per
Una originalitat d’aquesta exposició és les quatre cançons que es poden escoltar, quatre versions de la copla que es cantava en aquells anys, amb els testimonis incrustats de preses com Joaquina Dorado o Tomasa Cuevas cantant la cançó de les preses de Ventas.
Ventas, Les Corts, Saturrarán, Amorebieta, Segovia, Palma de Mallorca, noms de presons que contenen moltes històries, estadística de mort, malaltia i fam, per a nens, les seves mares i la gent gran que també formava part d’aquest exèrcit reclús. Molts d’aquest establiments havien estat, o eren, edificis religiosos dirigits, administrats o portats per ordres religioses com les Germanes de
Preses a la presó de Saturrarán amb les monjes Mercedarias, que no practicaven la caritat cristiana.
És molt difícil resumir en una exposició la història de les preses de Franco, i això tenint en compte que es tenen poques dades i que es troben molts menys testimonis, si el comparem amb el cas dels homes. Sense el treball de Tomasa Cuevas encara seria una feina molt més complicada, tal com es reconeix a aquest treball multimèdia que es pot veure al Centre de Cultura de Dones Francesca Bonnemaison, Sant Pere Més Baix, 7, de Barcelona. Qui no arribi a temps de gaudir d'aquesta exposició pot comprar el llibre de la mateixa, Preses de Franco.
La dona durant la dictadura no era res, no tenia veu, i quan va arribar
Gràcies a Fernando Hernández Holgado pel seus treballs sobre la dona a les presons franquistes.
Fernando Hernández Holgado.
Historiador e investigador del projecte "Preses de Franco".
Coordinador del proyecto presodelescorts.org
de
La prisión de mujeres de Les Corts. De memorias, historias y presentes.
Una placa inexistente para una cárcel invisible
En el solar de la antigua prisión provincial de mujeres de Barcelona, llamada de Les Corts, de dilatada historia que incluye los peores años de la represión franquista, no hay actualmente ninguna placa que recuerde su existencia. El solar lo ocupan hoy varios edificios levantados en la década de los setenta: el más ostentoso quizá sea el bloque del Corte Inglés de Diagonal, que se levanta justamente sobre el antiguo huerto de la prisión. No es un lugar de memoria, debidamente señalizado para el conocimiento de nuestra historia, pero puede que lo sea alguna vez. Esperemos.
Si alguna vez se erigiera tal placa, pongamos por ejemplo que cerca de la entrada del dichoso gran almacén –es el lugar más transitado- el texto podría decir algo así como esto:
“En este lugar se alzaba la antigua cárcel de mujeres de Les Corts, prisión provincial durante la dictadura franquista (1939-1955). El edificio, con entrada por la calle Joaquim Molins 11, había sido antiguamente un asilo para jóvenes descarriadas, levantado a finales del siglo XIX sobre los terrenos de la masía medieval de Can Duran o Feló.
Fue primeramente el gobierno de
Con la entrada de las tropas sublevadas en Barcelona en enero de 1939, la cárcel de Les Corts se convirtió en prisión provincial de mujeres, regida por una orden religiosa -Las Hijas de
De las condiciones infrahumanas de la prisión franquista de Les Corts han dejado constancia las militantes antifranquistas que tuvieron la desgracia de conocerla, como María Salvo, Isabel Vicente, Laia Berenguer, Teresa Hernández, Enriqueta Gallinat, Soledad Real o Joaquina Dorado. En su extenso huerto, centenares de presas fueron explotadas trabajando en beneficio de la orden religiosa de turno, sobre todo durante los primeros años. A principios de los cincuenta se abrió un taller de costura.
En octubre de 1955 se cerró la prisión y el colectivo de presas -por aquel entonces doscientas sesenta y tres, con diecinueve niños- fue trasladado a
Hasta aquí los datos de la historia. Y sin embargo, todos estos datos ocultan el verdadero resorte que posibilitó que la historia pudiera ocuparse de esa antigua prisión inexistente, invisible: la memoria. Porque fueron los relatos memorialísticos de un grupo de mujeres, una exigua minoría del extenso colectivo de presas políticas de Les Corts y de otras cárceles franquistas, los que marcaron el camino a la historiografía.
La memoria abriendo camino a la historia
Ya en la década de los setenta, antes de la muerte del dictador, la militante comunista Tomasa Cuevas localizó y entrevistó, magnetófono en mano, a sus antiguas compañeras de años de encierro en Les Corts: Teresa y Antonia Hernández, Isabel Vicente, María Salvo, Victoria Pujolar, Adelaida Abarca, Mercedes Pérez. Todas esas entrevistas aparecerían publicadas en una gran trilogía- los dos tomos de Cárcel de Mujeres y Mujeres de la Resistencia- que, preciso es decirlo, no contó con ayuda oficial de ningún partido: eran los tiempos del hoy tan discutido “pacto de silencio”. Ángeles García-Madrid, madrileña, también aportaría el relato de su paso por Les Corts de camino a la prisión de Gerona en Réquiem por
Eran relatos de vida, memorias que se decían “históricas” porque querían hacerse historia. Se enfrentaban a la incredulidad, a las acusaciones de exageración o al desinterés de una sociedad cuyos gobernantes habían acuñado por aquellos años –
Todas estas mujeres mantuvieron vivo un hilo de recuerdo que, cerca de medio siglo después, devanaría por fin el discurso historiográfico. Muchas cosas habían cambiado para entonces. Los archivos con la documentación de los primeros años de posguerra –ya era hora- se habían abierto al público. El Arxiu Nacional de Catalunya conservaba y conserva la documentación penitenciaria de Les Corts y de otras prisiones, transferida por
Para el caso de Les Corts, Ricard Vinyes fue el primer historiador que ilustró ese encuentro entre la memoria y la historia, el recuerdo y los documentos escritos. Fue en 2001. Luego se sucedieron, sí, los trabajos divulgativos, incluso las reediciones de algunos de los textos memorialísticos mencionados más arriba, pero había pasado demasiado tiempo. Muchas de aquellas mujeres ya habían fallecido –Antonia Hernández, Isabel Vicente- sin haber vivido un reconocimiento público y social relevante, más allá de su propio ámbito partidario. Otras sí que llegaron a disfrutar de ese reconocimiento, aunque fuera in extremis: como la propia Tomasa, condecorada con
Memoria histórica: ¿recordar para qué?
¿Para qué recordar lo ocurrido en la prisión franquista de Les Corts entre 1939 y 1955? El propio Ricard Vinyes ha hablado no de deber, sino de derecho a recordar. Derecho a conmemorar. A designar y fundar –siempre desde el presente, somos presente- los hitos, los lugares de memoria, los monumentos o las placas que nos gustaría erigir, como la de nuestra cárcel invisible de Les Corts. Para que siguiendo la línea de esos hitos, de esos puntos, con la participación ciudadana más amplia posible –eso es la democracia- podamos dibujar una trayectoria que apunte hacia una sociedad cada vez más justa y democrática. Una memoria con un proyecto de futuro, articulada a partir de la constante crítica de lo presente.
Pondré un ejemplo de esta virtualidad de la memoria histórica, de esa ligazón con la crítica del presente y con la construcción –utópica- del futuro. Pondré un ejemplo que es en realidad una batería de preguntas: ¿Es posible recuperar la memoria histórica de una cárcel de mujeres del franquismo y no pensar en los centros penitenciarios actuales? ¿Es posible analizar la experiencia femenina penitenciaria de las mujeres que pasaron por Les Corts -la presencia de los niños en prisión, el sufrimiento de las presas madres, las tragedias individuales- y no pensar en las mujeres encarceladas en Wad Ras, aquí mismo en Barcelona? ¿Es posible, en fin, recuperar la memoria del pasado y no proyectarla hacia el presente?
Algunos podrían contestarnos que no: que la experiencia penitenciaria de las presas políticas del franquismo nada tiene que ver con la de las presas comunes de aquel entonces, y mucho menos con las de hoy. Y, en cierta forma, tienen razón. Pero yo podría responderles que en mi voluntad de recuperar la prisión de Les Corts como lugar de memoria, no sólo he querido recordar a las presas políticas mencionadas más arriba, las que tejieron el relato de la memoria que finalmente se ha hecho historia. También he querido recordar a todas aquellas prostitutas ilegales del Barrio Chino, muchas de ellas menores de edad, que llenaban los sótanos de la cárcel un día sí y otro también, víctimas de constantes redadas. Y para ello he tenido que hacer un verdadero ejercicio de imaginación a partir del rastreo de sus huellas documentales, porque ninguna de aquellas mujeres pudo alzar la voz o agarrar la pluma para relatar su experiencia, para contar lo que les pasó, los maltratos de los que fueron víctimas.
Extracto de su artículo para la revista Retrobament.
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