divendres, 30 de setembre de 2011

EL RELOJ DE NEUENGAMME DE JOAN ZAFÓN TRILLAS




1944. En el campo de concentración de Neuengamme, cerca de Hamburgo, un reloj se para al mismo tiempo que se extingue la vida de su dueño. Pertenece a Emilio Zafón, militante de la CNT-FAI, obrero republicano y luchador antifranquista, que ha sido capturado en la Bretaña francesa por los alemanes y deportado a una cruel instalación de muerte y exterminio dirigida con mano de hierro por despiadados miembros de las SS.

La vida y muerte de Emilio Zafón Campos, magistramente narrada por su propio hijo, Joan Zafón Trillas, que basándose en testimonios directos y recuerdos propios ha conseguido reconstruir la biografía de su padre desde su militancia anarquista en L'Hospitalet de Llobregat, su exilio y colaboración con la Resistencia francesa, hasta su martirio final en manos de los nazis. Esta obra, fundamental para la recuperación de la memoria histórica de las víctimas del fascismo, contiene un sorprendente epílogo sobre cómo el autor consiguió recuperar el reloj perdido de Neuengamme después de 64 años y medio. (Texto contraportada libro de Dux Editorial)

Prefacio

Salir como salieron,
con un futuro incierto.
Salir como salieron,
de la tierra donde nacieron.
Salir como salieron,
con lo que llevaban puesto.
Salir como salieron ...
¡y nunca volvieron!

Un anarquista en Hospitalet




Cuando mi padre, después de cenar, se iba a las reuniones de la FAI-CNT, mi madre se quedaba muy intranquila. (..) Su desasosiego se debía a que mi padre, para ir de la sede de la organización, tenía que pasar por lugares bastante despoblados que podían ser un buen lugar para una emboscada. A menudo se decía que habían tiroteado a algún sindicalista (...)

Muchas veces nos creemos que hemos llegado a un punto en la vida en que hemos conseguido todos nuestros deseos: formar una familia con esposa e hijos, tener un buen trabajo, disfrutar de unas excelentes amistades y unas buenas relaciones con la familia... Y uno cree que el futuro seguirá siendo así... Sin embargo... lamentablemente... a veces la vida nos reserva inesperados reveses que hay que afrontar... (...)

Con el golpe de estado, se colectivizaron muchas empresas, así como la Cámara Agraria, controlada por la FAI-CNT. La fábrica de ladrillos Cusó, donde trabajaba mi padre, también fue colectivizada. Los dueños no fueron despedidos. (...)

Él argumentaba que, como miembro de la organización anarquista, no estaría bien visto que se comprara una casa. Sería ir en contra de sus ideales y, además, le criticarían en la propia FAI-CNT porque se convertiría en un propietario.


La terrible posguerra

Siempre he creído que se marcharía con el corazón destrozado, viendo la situación en que dejaba a mi madre y a sus tres hijos. (...)

Los procedimientos para conseguir salir adelante eran muchos. Y, en parte, todo ello era consecuencia de que aquellos a quienes mi padre había ayudado, ahora nos daban la espalda. (...)

Hoy comprendo lo que mi madre debería sufrir en aquellos momentos en los que se sintió sola y abandonada por quienes creía que le ayudarían en todo lo posible. (...)

Muchas veces he pensado que, a nuestra corta edad ... no sé cómo pudimos superar aquella época de tantas calamidades y falta de alimentos. No sé cómo no cogimos una tuberculosis o una anemia como la que se llevó a mi hermano José... (..)

Ella sabía que yo debería estar en la escuela y no ser tan explotado a tan corta edad.

El reloj que se paró 64 años y medio.




Tal como voy reconstruyendo la historia de mi padre, descubro las barbaridades que llegaron a perpetrar las SS en los campos de prisioneros. Me horrorizo al saber los crímenes que se cometían, tan solo por el deseo de matar. Bastaba que un prisionero se moviera un poco, cansado y desfallecido tras obligarle a permanecer en pie varias horas en una formación, para pegarle un tiro en la cabeza. Las SS decían que eran débiles y no merecían vivir... ¡Cómo no iban a estar débiles en las condiciones de vida en que se encontraban! Poca y mala comida, ínfimas condiciones sanitarias, falta de ropa en invierno, malos tratos... y un sinfín de penalidades. 




Insisto en que, paseando por aquellos pasadizos, experimenté una sensación de malestar, una sensación de ahogo, como si me oprimiesen el pecho, como si hubiera algo en aquel ambiente que generara aquella sensación angustiosa. Era como oír, en silencio, los lamentos desesperados de aquellos que estuvieron allí, que llegaron allí transportados como ganado, en aquellos siniestros trenes de la muerte, y que eran maltratados hasta que morían. (...) También pensé que el suelo que estábamos pisando, podría estar compuesto por las cenizas de las víctimas incineradas por los nazis. Sabemos que las esparcían por los diferentes pasadizos, para que jamás se descubriesen los horribles crímenes que allí se cometieron... (...)

La emoción que sentí fue tan grande que no pude contener las lágrimas al tener para mi tan preciado objeto. Junto con el sobre, venía una carta (...)

Estimado Sr. Zafón Trillas,

(...) En los valores que se quedaron del campo de concentración de Neuengamme, hemos podido encontrar el reloj de bolsillo de su padre, el cual se le había quitado en el tiempo de su encarcelamiento. Nos alegra mucho poderle presentar este reloj en el adjunto. (...) G.Wilke.

La dirección donde se puede obtener información sobre los objetos personales de los prisioneros en campos de concentración es la siguiente:

Internationaler Suchdients (ITS)
Grobe Allee 5-9
34454 Bad Arolsen
Bundesrepublik Deutschland


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